Estas pascuas volvemos a viajar 3 miembros del club (Carlos, Raimon y Chema) a Cantabria para afrontar la travesía espeleólogica Calígrafos Gándara, considerada cómo la más larga sin sifones entre bocas de Europa con sus 12 km de longitud y una auténtica prueba de resistencia física y de orientación debido a los innumerables laminadores, gateras, pasos estrechos, caos de bloques, galerías y meandros que deberemos recorrer, siendo por todo ello un gran reto que pondrá al límite nuestra resistencia.
La travesía ha sido impecablemente reequipada y balizada en 2023 con la colaboración de diversos clubes (Espemo, GESAP y Espeleoclub Viana), las Federaciones valenciana y aragonesa de espeleología y tiendas como Las abuelas de sevil y Machay, asegurándose pasos desfondados muy comprometidos y permitiendo poder realizar con seguridad una travesía que sería casi imposible de hacer en tan poco tiempo en otras condiciones.
El viernes Carlos y Chema vamos a la Gándara para instalar el pozo que da acceso a la sala del Ángel, requisito indispensable para poder realizar la travesía, ya que es el único pozo que no está instalado en fijo, tarea para la que destinamos unas cinco horas sin ninguna prisa y disfrutando de las grandes galerías de entrada de la Gándara y calentando para el día siguiente en el laminador del Delator.
Por la tarde se incorpora nuestro compañero Raimon y al día siguiente nos dirigimos al Picón del Fraile, en el portillo de la Lunada, para buscar la pequeña boca de Calígrafos, que encontramos tras 45 minutos de bonita aproximación, entrando a las 12 del mediodía.
Tras la estrecha entrada en la cueva, la tónica será no poder levantarnos del suelo durante toda la galería del Lagarto (el propio nombre lo dice todo), prácticamente hasta llegar a la zona de la Unión, para lo que necesitamos casi 3 duras horas que ponen a prueba a nuestras rodillas a lo largo de casi kilómetro y medio de laminador que, al menos, tiene inclinación descendente.
La señalización de la travesía ayuda mucho a progresar rápido, reflectantes con una G pintada dirección Gándara y la C de Calígrafos si están en dirección opuesta.
Seguimos progresando con mayor comodidad, recorriendo galerías y ríos (río de la Confluencia, del Tigre, Papillote, galerias de la Tangente verde, de las Dunas...) hasta alcanzar la sala de la Sardina Cabezona donde encontramos el vivac 4, donde descansamos por primera vez. Llevamos apenas 4 horas y vamos muy bien de tiempo, ya que de momento no hemos tenido complicaciones.
Seguimos recorriendo ríos y galerías hasta alcanzar dos salas consecutivas, las salas Scooter y Catalana, con difícil progresión entre caos de bloques, con numerosos pasos estrechos y gateras entre los que sería casi imposible orientarse. En el centro de la sala Catalana hay que localizar un paso estrecho entre bloques marcado con reflectantes y flechas que a simple vista parece impenetrable y que a través de una estrecha gatera descendente nos lleva al río Viscoso. Nos cuesta encontrar el paso y perdemos más de media hora recorriendo la sala buscando la continuación, que va a suponer nuestra primera dificultad en la travesía pero que no nos desanima en absoluto.
La progresión por el río Viscoso, zona intermedia de la travesía, tiene un gran valor geológico ya que vamos por un estrato superior, discurriendo el río unos 4 metros más abajo, con numerosas marmitas desde las que podemos ver el curso del agua. Otro medio kilómetro de duro laminador que va haciendo mella en nuestras fuerzas seguido de una zona de desfondes muy bien equipados con cuerda a modo de quitamiedos y diversos rápeles y resaltes con cuerda. Llegamos así al vivac 3, donde volvemos a reponer fuerzas. Llevamos entre 8 y 9 horas de travesía.
Tras el ascenso del P50, casi todo en volado pero fraccionado, entramos en la larga galería de la Myotte, donde cambia la morfología de la travesía con las características grandes galerías cántabras; destaca la zona de los Órganos con preciosas formaciones. Llegamos a la sala de los Grandes Pozos, magnífico collado entre la parte superior de dos pozos de 30 y 50 metros de diámetro.
Es aquí donde sufrimos nuestro mayor problema durante la travesia; hemos de progresar por una serie de pasamanos que discurren junto a la pared izquierda y que desembocan en una galería a la izquierda que acaba en una cuerda ascendente de 8 metros con un desviador. Justo enfrente del desvío a la galería, donde acaba un pasamanos ascendente, vemos una cuerda que seguimos y que nos lleva a una grandísima galería de exploracion balizada que no coincide con las reseñas. Tras un buen rato tenemos que volver al último punto conocido desde el que localizamos la continuación por la galería izquierda. Nos damos cuenta de que era una cuerda de exploración al ver que los anclajes no han sido reequipados recientemente y que habíamos seguido erróneamente. Hemos perdido más de dos horas y un número de fuerzas considerables.
Continuamos progresando por numerosas galerías (Abuela Denís, caracol..), pasos entre bloques, estrecheces, resaltes y descensos de cuerda... hasta alcanzar el vivac de los franceses.
Aquí cambia completamente el tipo de balización de la travesía, desaparecen las Gs y las Cs, lo cual nos confunde en el acceso a la Gran galería de Cruzille, ya previa a la Sala del Ángel, ya que no tenemos muy claro si nos hemos metido en otra galería de exploracion. Aunque estába
mos en el lugar correcto, perdemos un buen rato para asegurarnos de ello. Además, no hay visible rastro del vivac, salvo una zona donde con piedras se ha construido unas mesitas y sillas.
Finalmente alcanzamos la sala del Ángel, son las 5 de la mañana y el cansancio ya se ha apoderado de nosotros. Pero ya es zona conocida lo que nos llena de tranquilidad para afrontar el final de esta imponente travesía.
Finalmente tras 20 horas vemos de nuevo la luz del sol, estamos extenuados pero felices de haber completado este gran reto. Nos esperan 3 merecidas cervezas en el restaurante Coventosa de Margari y un sueño reparador previo al homenaje en forma de cena que nos daremos en compañía de compañeros que han venido de otros clubs a disfrutar de la espeleología.
Redacción y fotos: Carlos, Raimon y Chema.









